Notas del episodio
📜 Resumen del episodio
En este episodio, Fernán explora la complejidad del aprendizaje del idioma islandés, abordando la percepción de dificultad, los aspectos gramaticales, la pronunciación y el vocabulario. Destaca la importancia de la motivación y la exposición al idioma como factores clave para el éxito en el aprendizaje. A lo largo de la conversación, se presentan estrategias prácticas para facilitar el proceso de aprendizaje y se concluye con una reflexión sobre las recompensas de dominar el islandés.
💡 Ideas clave
- El islandés es un idioma complejo pero factible de aprender.
- La dificultad percibida varía según el idioma materno del aprendiz.
- La motivación y la exposición son claves para aprender un idioma.
- Los hispanohablantes pueden tener ventajas en pronunciación.
- La gramática del islandés incluye tres géneros y casos gramaticales.
- Las palabras en islandés suelen ser compuestas y largas.
- El uso de desinencias en los verbos es similar al español.
- La práctica constante es esencial para avanzar en el aprendizaje.
- Establecer metas alcanzables ayuda a mantener la motivación.
- Entender el islandés permite una inmersión en su cultura y literatura.
⏱️ Capítulos
00:00 Introducción al aprendizaje del islandés
05:28 Aspectos gramaticales del islandés
08:49 Consejos para aprender islandés
Transcripción del episodio
¡Hola, bienvenidos a este nuevo episodio de Crónicas Boreales! Soy Fernán González, profesor de islandés.
Hoy quiero hablar de un tema que sale a menudo cuando la gente no ha empezado a aprender islandés, el idioma de Islandia: ¿es difícil aprender islandés?
Cuando me preguntan si es difícil, mi respuesta inicial es que es complejo.
La razón de esto es que la dificultad percibida es muy variable.
Dependiendo de los idiomas que ya sepamos, nos parecerá más fácil o más difícil. Por ejemplo, el islandés es conocido por su gramática y para una persona que no ha aprendido nunca un idioma con declinaciones, esto será nuevo para ella y quizá tarde más en cogerle el truquillo, mientras que si alguien ya ha aprendido un idioma con esta característica antes, el idioma seguirá siendo complejo para él porque tendrá que aprender sus declinaciones, pero la idea base ya la conoce y es capaz incluso de extrapolar cosas de los idiomas que sabe por lo que aprenderá más rápido.
Por otro lado, aprender un idioma tiene muchos aspectos distintos. Puede que alguien necesite más tiempo para la gramática, pero que su pronunciación sea muy buena porque la de su lengua materna se parece en algunas cosas a la del islandés. Este suele ser el caso de los alumnos hispanohablantes. Es relativamente sencillo tener una pronunciación decente sin que pase mucho tiempo.
Habrá casos que serán al contrario: el idioma del alumno será muy similar en la gramática, pero la pronunciación puede resultarle difícil.
Por lo tanto, todo es muy relativo.
Ahora bien, ¿hay alguna escala de dificultad de idiomas para orientarnos?
Pues la respuesta es “sí”. El Instituto del Servicio Exterior de Estados Unidos tiene una escala para la dificultad de idiomas. Esta institución se encarga de formar a diplomáticos y personal de exteriores. Una de sus funciones es preparar a los funcionarios en diferentes idiomas. Su escala está basada en cuántas clases son necesarias para llegar al nivel de competencia deseado.
La escala tiene cuatro niveles de dificultad.
En el primer nivel están idiomas similares al inglés como el español, el francés, el portugués, el italiano y algunos nórdicos como el danés, el noruego y el sueco.
Aquí estriba en parte el problema de la percepción de dificultad: en el entorno de la mayoría de hispanohablantes los idiomas estudiados son el francés, el inglés y el portugués.
Digamos que los hispanohablantes estamos mal acostumbrados porque los idiomas que se nos suelen ofertar son del primer nivel de dificultad y la mayoría de la población no está expuesta a idiomas con más complejidad.
En el segundo hay idiomas como el alemán o el suajili. El alemán es más común en países de habla hispana pero solo llega a estudiarlo una pequeña minoría.
Curiosamente, el nivel tres es el que incluye más idiomas en esa escala y ahí es donde está el islandés junto con idiomas como el ruso o el griego y otros como el hindi o el bengalí. Como verás, idiomas como el ruso o el griego son estudiados por muchísima gente. Piensa por ejemplo, en las repúblicas exsoviéticas donde el ruso tuvo un papel muy importante.
El nivel 4 termina la escala. En este se incluyen el árabe, el mandarín, el cantonés, el japonés y el coreano. De nuevo, se trata de idiomas que son ampliamente estudiados.
Por lo tanto, aprender islandés es algo factible. Millones de personas han aprendido idiomas de similar dificultad o incluso mayor.
Alguna vez he leído que el islandés es el idioma más difícil del mundo. Como hemos visto, es una exageración.
Finalmente la clave de que se aprenda o no un idioma no la marca la dificultad, sino la motivación y la exposición al mismo.
Para los hispanohablantes, el inglés sería un idioma del primer nivel de dificultad y por lo tanto todo el mundo debería tener un nivel alto después de mínimo diez años de inglés en la educación obligatoria, como es el caso de España. Todos sabemos que no es así y que muchas personas terminan la educación obligatoria sin poder comunicarse al nivel que se esperaría. Uno de los principales obstáculos es la falta de exposición al idioma.
Es decir, que el idioma puede ser todo lo sencillo que sea posible, pero si no hay exposición ni práctica, el resultado termina siendo el mismo independientemente de la dificultad.
Para conseguir exposición y práctica es posible que necesites algunos cambios en tu estilo de vida y ahí es donde está el problema para mucha gente, pues por diferentes motivos no llega a esa situación. Esta es una de las razones por las que los propósitos de año nuevo de aprender, por ejemplo, inglés, muchas veces no funcionan.
Volviendo al islandés, de su pronunciación no hay mucho que decir para los hispanohablantes porque tenemos sonidos que son importantes en islandés como la erre, la “dé” que usamos en palabras como “cada” o el sonido de la “z” en gran parte de España. También puede pasar que tengamos los sonidos pero aparezcan en una secuencia que no hay en español y sea necesario aprender a decirlos así. Hay otros sonidos que no tenemos en español pero sí en idiomas como el francés o el inglés y por lo que quizá también los tenemos. Y por último hay otros que pueden ser nuevos para nosotros.
Es normal que al aprender un idioma nuevo haya sonidos nuevos. Es simplemente cuestión de aprenderlos, algo perfectamente factible.
La gramática es probablemente el apartado que hace que el islandés se perciba como más difícil.
En islandés hay tres géneros, por lo que los sustantivos pueden ser masculinos, femeninos o neutros. Esto a veces puede percibirse como más difícil porque en español estamos acostumbrados a tener solo masculino y femenino y en inglés directamente no hay género. Es decir, una mesa en islandés es un sustantivo neutro, mientras que en castellano es un sustantivo femenino y en inglés no tiene género.
La siguiente característica gramatical que hace que se perciba el islandés como más difícil son los casos gramaticales. Si has estudiado alemán, griego, latín o ruso probablemente sabes en qué consiste. Si es así, esto hará que estés mucho más familiarizado con cómo funciona esta característica y por lo tanto, aunque tengas que aprender las declinaciones, para ti es más intuitivo usar los casos en islandés.
Para no alargar el pódcast y evitar ponernos técnicos con términos como casos o declinaciones, simplemente te diré que en islandés los sustantivos, adjetivos y otras categorías de palabras cambian su forma según su función en la frase. Es como si en lugar de conjugar un verbo, de alguna manera conjugásemos, p. ej., un sustantivo. En español usamos el término “conjugar” para verbos y “declinar” para palabras como sustantivos. En islandés, se usa la misma palabra para los dos conceptos.
Esto parece confuso al principio y es lo que hace que la curva de aprendizaje del islandés sea más empinada al principio, pero con práctica y exposición se puede aprender perfectamente.
Empezar a aprender un idioma con casos gramaticales es como aprender un juego nuevo. Sin embargo, si ya has estudiado algún idioma con casos, ya conoces el funcionamiento y aunque tengas que aprender los finales que utiliza el islandés, es mucho más sencillo a diferentes niveles, entre ellos tu motivación, pues si ya has aprendido los casos de otro idioma, sabes que puedes perfectamente aprender los del islandés.
Alguien que no ha aprendido antes un idioma con casos puede sentirse frustrado al principio y dudar de su capacidad para aprender islandés, pero como ya hemos visto en este episodio, es perfectamente aprendible.
Otro aspecto son los verbos, pero esto es algo que no suele sorprender. El islandés tiene verbos con desinencias, como en español, según la forma que estemos usando. Igual que con el ejemplo el verbo “cantar” (yo canto, tú cantas, él canta, etc.), el islandés también tiene finales para las diferentes personas. La mayoría de la gente no se sorprende y no le presta atención a esta característica ya que en español y otros idiomas como el francés o el portugués, también hay desinencias en los verbos. En esto los hispanohablantes tenemos otra ventaja y es que el uso del subjuntivo tiene similitudes entre el español y el islandés.
Sobre el vocabulario, ¿alguna vez has visto alguna palabra en islandés que te ha parecido larguísima? Normalmente se debe a que es una palabra compuesta, es decir, dos o más palabras juntas, algo característico de idiomas germánicos. En cuando empieces a tener un poco de vocabulario en islandés, las palabras serán transparentes para ti, porque reconocerás las palabras que hay en esa palabra más larga. Un ejemplo famoso de esto es el Eyjafjallajökull, el volcán que causo la cancelación de miles de vuelos en 2010. Su nombre está compuesto por las palabras islas, montañas y glaciar, que son tres palabras muy comunes en islandés.
Además, el islandés tiene una política de purismo lingüístico por el que se crean palabras nuevas en lugar de adoptar términos extranjeros. Por ejemplo, en muchos países, la palabra “televisión” se dice más o menos como en español, pero en islandés se dice “sjónvarp”. Lo mismo sucede con “teléfono”, que en islandés se dice “sími”. Esto da la sensación de que es un idioma muy diferente a los que estamos acostumbrados.
Pero en definitiva, aunque suene a tópico, estar motivado es clave. Quizá te guste la cultura vikinga, la música islandesa o quieras visitar Islandia con la meta de hablar en el idioma local. Circunstancias así son muy motivadoras.
Lo mejor es tener un sistema con metas alcanzables para aprender islandés, como hacer un curso, aprender algunas palabras al día, escuchar pódcasts en islandés aunque se entienda un 10 %, ver series en islandés, etc.
La clave está en alcanzar un equilibro en cuánto te exiges y no desanimarse cuando haya algún obstáculo. Con práctica y tiempo se puede allanar el camino para seguir avanzando.
No olvides que, la recompensa es enorme: entender a los islandeses en su lengua natal, sumergirse en su literatura y su música, y sentirse parte de un mundo que a veces parece sacado de un libro de fantasía.
Espero que este episodio te haya resultado interesante. No olvides suscribirte al pódcast y compartirlo con alguien a quien le pueda interesar.
¡Hasta luego!
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